Blog de Poesía en el que deseo compartir mis poemas, así como poemas de grandes autores de todas las lenguas. Este espacio, es simplemente, un presente que deseo otorgar a todos aquellos que amen la poesía. Para vosotros, para que os sigais enamorando de este arte de efímera lectura, pero cuyo recuerdo es eterno.
domingo, 13 de enero de 2013
El Rompecabezas de Cronos
Forjan los herreros las balas
con las que dispara Caín a Abel.
Pinta el cromagnon en acuarela
frescos en aquella catedral
construida por orden del faraón.
Sus escribas imprimen papiros
que guían al navegante portugués
Colón, quien, creyendo estar en Bombay,
alunizó. Por un pedazo de pan mendiga
Marie Antoniette.Los pobres en sus palacios
engullen pastel a dos carrillos.
Mira cómo tiran los caballos de ese autobús,
mira cómo llega a Maratón pedaleando el joven Filípides.
Cabarets televisados en la Belle époque,
le cae a Newton la manzana mientras
escucha a Led Zeppelin en su reproductor.
Pilatos tira su mano, en la mesa Cristo
y Barrabás se encuentran en una encrucijada.
Envida Barrabas, Cristo piensa que es un farol
pero cuando muestra sus cartas hay escalera real.
Bacterias informáticas erradicadas a diario
por la acción de la penicilina junto
al ácido clavulánico. Noé agarrado a una farola
bajo la lluvia sigue cantando, Beethoven la muerte
de Mozart llora al escuchar su Réquiem
en la radio. Gigantes de tres brazos
habitan en los campos eólicos. Don Quijote
y Sancho Panza les tienden una emboscada.
Aquiles Jugando al fútbol se ha torcido
el tobillo y Dorian Gray en su webcam envejece.
Navegan en un diván los sueños de Calderón de la Barca
sobre ese océano, sobre ese mar que es la vida
y que Freud analiza. Einstein consigue sacando
la lengua que esboce la Gioconda su sonrisa
y el Big Bang exterminará un agonizante final.
Escribo yo la historia como debería ser.
sin cambios, sin mentiras. Porque como
se está escribiendo ahora, la escriba quien la escriba,
mientras yo escribo, no se ha dado cuenta
de que conmigo ha cometido un anacronismo.
Autor: Miguel Hernández Pindado
viernes, 4 de enero de 2013
Time
El tiempo en silencio no es tiempo callado,
el tiempo es sigiloso y anda descalzo.
El tiempo son huellas, el tiempo es pasado,
el tiempo es futuro, el tiempo son pasos.
El tiempo no mata, el tiempo es un rayo,
el tiempo no muere mas yo lo he matado.
El tiempo corre y mi carrera ha acabado.
El tiempo no respira, mi tiempo se ha ahogado.
El tiempo sin tiempo será mi descanso.
Autor : Miguel Hernández Pindado
domingo, 2 de diciembre de 2012
Barkarole
Sola,
estaba tan trémula y sola
en
la ribera del Leteo olvidada,
mas
el destino su agua ante mí helaba
como
aquellos bóreas abrasaban mi corola.
Ah la savia ingrávida me consume e inmola.
Descienden,
Perséfone,
por tu vestido que argentaba,
tus
manos, manos marmóreas y aterciopeladas.
Posándose
melindrosas, sobre mis pétalos de Barkarola,
han de ser el cáliz que viene a endulzar mi fin,
y
rociando esas lágrimas, lágrimas o nepentes,
me
liberas,¡Oh, tú, prisionera!, del sempiterno Spleen.
Pozo de abismo donde se hallaba en hipnosis,
se
ahogaba, sin embargo, despertó de repente
mi
alma, abrazada, a su metempsicosis.
Autor: Miguel Hernández Pindado
Martinets Coléreux
Van y vienen, vuelven y se van
desde hace algún tiempo
las aves en la ciudad.
Se marchan y regresan
en bulevares descritos por el viento.
Alrededor de las almenas
bailan valses estas parejas
con sus vestidos cenicientos.
Semejantes a las gotas,
unas detrás y otras delante
surcan el cristal de mi ventana.
Se desvanecen y renacen semejantes.
Van y vienen, vuelven y se van
las aves en la ciudad.
Carente de ruido mas no de furia,
sobrevuela la muralla este enjambre
infernal.
Forman un caos hiriente
estos acróbatas en los cielos.
Trapecistas en un equilibrio
que permanece a menudo ausente.
En un equilibrio que quizás haya
muerto
se tambalean, producen vértigo,
tropiezan y caen en el olvido
pero algún día a la cuerda habrán
vuelto.
Unas están realmente tan cerca,
otras parecen estar tan lejos...
Unas pocas suben, la mayoría bajan
por las indefensas torres, estas
furtivas armas.
Son cientas de miles
y de miles son cientas
las que ataco y no se inmutan.
A las que mis gritos no ahuyentan.
Blandiendo sus afiladas espadas
inician una guerra muy desigual.
Un soliloquio de estocadas
me atraviesan como sus alas el viento.
No hay lugar por el que camine
sin sentirme un extraño,
no hay ya en Ávila un arco
que al menos una no escudriñe.
Los vencejos de ayer
ahora son gárgolas de piedra
que petrifican tus adentros
que siempre vuelan por tu cabeza.
Sus sombras como cascadas
sobre las plazas y avenidas se verten.
Las inundan, trato de huir y huyo,
pero no ya no existe refugio.
Entre la vida y la muerte
colgado en ese punto de inflexión
que clava mis manos en una cruz vieja
a la luz oxidada de un farol,
oigo envejecer los segundos.
Poco a poco, muy despacio,
nacen con un tic
en un tac se deshacen.
Un aquelarre de buitres
enredan el cielo entre mis cabellos.
Coronan enzarzados en mi frente
ensangrentándola de sufrimiento.
Ensangretándola de ese sufrimiento
que mañana se habrá desangrado
y que coagulado envolverá mi cuerpo.
Entonces los carroñeros harán el resto...
Entre la vida y la muerte,
colgados en ese punto de inflexión
esperan también esos segundos conmigo
a que se pare el reloj.
Autor: Miguel Hernández Pindado
Autor: Miguel Hernández Pindado
sábado, 1 de diciembre de 2012
La Fée Verte (El Hada Verde)

Dentro, acurrucado y
envuelto en sudor,
escucho esos
nudillos de ayer,
los golpes de hoy ya
me golpean.
Imagino no
imaginarlos mañana,
respiro
entrecortadamente, mi corazón late quedo, y yo,
inmóvil, me hallo
ajeno a cualquier movimiento.
Un delirio ebrio
emborracha mi sobriedad
mientras el repicar
que llama a mi puerta me conmueve.
Tengo aún esos
pensamientos a flor de piel,
resiste su profundo
y colorido olor que me lobotomiza, y
es que sobre mí los
depositó para siempre la pálida
mano que toca, toca,
toca, toca...
Entonces surgió un
hada verde. En la noche nos besamos,
nos fundimos
haciendo el amor, ¡tan ardientes!, como bajo el fuego
se funden en la madrugada el olvido y
la locura, el azúcar y la absenta.
Autor: Miguel Hernández Pindado
El Secreto de Allan
Emprendió
aquel viaje en esa estación
a
mitad de camino entre la primavera y el otoño.
Cuando
llegó a aquel nuevo país,
era
un día lluvioso. Se apresuró
a
refugiarse lejos del cielo encapotado
recorriendo
las calles pobladas de paraguas.
Rebuscó
en su bolsillo aquel papel
arrancado
del periódico del sábado
en
el que había anotado la dirección,
pero
la lluvia borró cualquier rastro de tinta
del
pedazo de hoja y discurrió
aquel
cian por las líneas de su mano
leyendo
un futuro que no esperaba él.
Perdido,
se acercó a lo que a primera vista
parecía
ser una casa del siglo diecinueve.
Llamó
insistentemente con su puño,
y
como era robusto y la madera vieja,
tras
un fuerte chirrido cedieron las visagras.
Era
una habitación pequeña, lóbrega y algo tétrica.
Repleta
de manuscritos con ensayos y poemas
por
el suelo y libros de todas las ciencias
en
los estantes que rodeaban el cuarto.
Al
fondo una ventana entreabierta,
un
cuerpo yacido en un rincón de la estancia
y
por única decoración, una figura de una diosa mitológica.
El
hombre se acercó al hombre,
acercó
su mano cálida a su frío pecho
y
no sintió su pulso ya apenas.
A
veces, tan cerca es tan lejos...
Cogió
un poema y omitiendo del autor el nombre
(En
voz alta leyó):
El
día se quebraba, brumario moría
con
sigilo y semejante al vaivén
de
las hojas mecidas por el viento
que
enivrées8
voltean en espiral
amontonándose
sobre los cimientos
cual
borrachos, en la plaza de Pigalle9.
Esos
pensares, divagaciones mías
que
habían aguardado en el andén
del
olvido, regresaban al presente
y
arrastraron su único bagaje, ¿A la muerte?.
Despierta,
despierta, susurraban
y
entonces abrí los ojos; mas
aturdido,
no veía nada.
Me
sentía raro, me extrañaba
¿Pero
qué era aquello sino era nada?.
Se
expandía y yo me plegaba,
se
plegaba y yo me expandía.
Palpando
a tientas la oscuridad,
oyendo
al frío llegando con su flotar,
vi
a la tristeza mirándome a los ojos.
Ellos
se trataban de evadir
hacia
cualquier sentido o dirección,
pero
la tristeza es una mujer
superlativamente
caprichosa
un
niño de célebre crueldad impía,
quien
saltando desde su columpio
aterrizaba
en la arena, se zambullía.
Su
pala cavaba aquel compás funerario,
grano
a grano se desgranaba la fosa
probando
yo la granada, su amargo caer.
Aquel
sabor, su elixir, destilado en plutón10
gota
a gota se evaporaba junto a mí
junto
a él me evaporaba, gota a gota...
mil
partes yo era y a la par ninguna,
que
allí en el patíbulo morirían y nada más.
Mas
de repente, alguien me ancló un punzón,
un
punzón y otro, mis piernas ahora desgarraban
aquel
abismo, aquel lugar, aquella atmósfera rota,
las
tribus de blancas lanzas y negras plumas
iban
por mi cuerpo proliferando y yo volaba. ¿Y nada más?
¿Eres
tú dios? ¿Es una artimaña tuya, satanás?
¿Quién
está de mí? ¿Quién se burla aquí?
¿Qué...
Qué sig- significa esta sublimación inversa?
Entonces,
el eco sordo de unos graznidos,
el
eco sordo de unos graznidos. Silencio.
Aterrado
ante un espectáculo semejante,
semejante
pregunta a las anteriores proferí.
¡No!
¡No! ¡Despierta, despierta! pensé.
Y
a continuación, abrí los ojos mas nada cambió.
El
graznido era graznido, pero yo no era yo.
Obstinadamente,
absorto en muchas cábalas,
forzaba
las esposas que me hacían preso
sin
más éxito que el frecuente fracaso.
Así
que decidí atisbar este nuevo horizonte.
Cuervo
en un mundo de buitres, cisnes y águilas,
tras
horas y horas vagando por el vacío,
desesperado,
hambriento, famélico,
cansado,
fatigado y hasta exhausto,
llegué
a un palacio de dimensiones inmensas
con
bohémicas vidrieras, con marmóreas
bóvedas.
Jambas de oro para las puertas
y
en sus largos pasillos colgaban cuadros,
tapices
españoles, Dalíes y Picassos.
Siete
salones dispuestos cual laberinto,
siete
tronos perfectos pero distintos.
El
bullicio entonces se armó en el séptimo
salón,
donde al entrar me recorrieron escalofríos,
donde
entorno a un perro como el de Fausto 11
cientos
de engendros infames y caídos
festejaban
su venida, entonando alabanzas.
Al
finalizar aquella extraña celebración,
el
perro pequeño y menudo me acarició,
me
ladró y no me importa que no me crean,
pero
le entendí cada uno de sus ladridos
como
si palabras o sílabas el animal dijese.
Me
habló acerca del origen del universo,
de
cómo lucharon él y su adversario en el ejercito,
me
habló de cómo murieron sin haber existido,
de
cómo en nosotros nacieron y cómo hemos nacido.
El
mal no soy yo, no existo, el bien no es él, no es cierto.
(me
dijo)
Vosotros
lo engendrasteis, lo paristeis, es vuestro hijo.
Vosotros
lo cuidasteis, lo amamantasteis, ha crecido.
Lo
vestisteis, lo mimasteis y educasteis, y es perverso.
Está
destruyendo el mundo con muerte y con odio,
y
solo el bien y el amor pueden salvarlo.
Ay,
mas ese amor mi amigo, ¿Dónde mana?.
Muchos
son los predicadores del bien,
escasos
los practicantes, pues estos primeros
practican
el egoísmo, el poder y la avaricia.
El
mundo es injusto no busques justicia, no es necesario.
El
perro se marchó y medité cabizbajo
cual
sería mi misión, el porqué ahora era un ave.
Sin
embargo, por más que quise no pude meditar,
por
más que medité no pude querer,
pues
mi vida es un castigo, una condena.
Siembro
por siempre y para toda la eternidad
a
cada segundo, a cada momento
las
flores que van brotando, las flores del mal.
Y
a quién me oiga, y a quién me quiera escuchar,
le
digo que sueño y no dejaré de soñar, con reposar mis alas
tenuemente
y para siempre sobre el busto de Palas 12.
Y
Nada más.
Autor: Miguel Hernández Pindado
- Enivrées – Adjetivo que en francés significa embriagadas.
- Pigalle – Plaza parisina en el barrio de Montmartre
- Plutón – Infierno según la mitología romana.
martes, 11 de septiembre de 2012
La Tombe dit à la Rose
La tombe dit à la rose :
- Des pleurs dont l'aube t'arrose
Que fais-tu, fleur des amours ?
La rose dit à la tombe :
- Que fais-tu de ce qui tombe
Dans ton gouffre ouvert toujours ?
- Des pleurs dont l'aube t'arrose
Que fais-tu, fleur des amours ?
La rose dit à la tombe :
- Que fais-tu de ce qui tombe
Dans ton gouffre ouvert toujours ?
La rose dit : - Tombeau sombre,
De ces pleurs je fais dans l'ombre
Un parfum d'ambre et de miel.
La tombe dit : - Fleur plaintive,
De chaque âme qui m'arrive
Je fais un ange du ciel !
De ces pleurs je fais dans l'ombre
Un parfum d'ambre et de miel.
La tombe dit : - Fleur plaintive,
De chaque âme qui m'arrive
Je fais un ange du ciel !
Autor: Victor Hugo
Adaptación al español por: Jácinto Gutiérrez Coll
A la Rosa galana
dijo la Tumba un día:
- ¿Qué haces tú con las lágrimas que cría
en tu seno de virgen la mañana?-
Con voz que era una cántiga armoniosa,
y agitando su pétalo entreabierto,
le replicó la Rosa:
-¿Dó va el despojo yerto
que en tu abismo recibes siempre abierto?
-Oye ¡oh Tumba! yo hago
miel y perfumes en el seno mío,
con que á las auras sus caricias pago.-
Y la Tumba exclamó : ¡Flor generosa!
yo soy almo consuelo;
yo hago del cuerpo que cayó en mi fosa
el ángel puro, habitador del cielo.-
dijo la Tumba un día:
- ¿Qué haces tú con las lágrimas que cría
en tu seno de virgen la mañana?-
Con voz que era una cántiga armoniosa,
y agitando su pétalo entreabierto,
le replicó la Rosa:
-¿Dó va el despojo yerto
que en tu abismo recibes siempre abierto?
-Oye ¡oh Tumba! yo hago
miel y perfumes en el seno mío,
con que á las auras sus caricias pago.-
Y la Tumba exclamó : ¡Flor generosa!
yo soy almo consuelo;
yo hago del cuerpo que cayó en mi fosa
el ángel puro, habitador del cielo.-
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



